¿Perros o Perrhijos? Publicado el 17/03/2017


El concepto “perrhijos” puede sonar cómico pero refleja una realidad en auge. Los perros son, cada vez más, tratados como hijos dentro de algunas familias. ¿Crees que es tu caso? ¿Qué hay de bueno y qué hay de malo en eso?

¿Tienes un perrhijo y no lo sabías?

El concepto perrhijo fue acuñado, por primera vez, en 2011 en México. La idea era combinar, en una misma palabra, el concepto perro y el concepto hijo y describir, así, una nueva tendencia a tratar a los perros como niños dentro del núcleo familiar.

El término caló tanto que, en 2013 se abrió, incluso, una página de Facebook con el nombre Perrhijos que hoy tiene cerca de 220.000 seguidores.

¿Qué quiere decir tener un perrhijo?

El diario El País de España describía el año pasado, en uno de sus artículos, las 10 señales para saber si tienes un perrhijo:

  1. Tu perro viste mejor que tú
  2. Duermes con él en la cama
  3. Cuidas más su peso que el tuyo
  4. Tiene más juguetes que tus primos pequeños
  5. Le pones música para que se relaje
  6. No sales de viaje si él no va
  7. Le regalas cosas el día de su cumpleaños
  8. No puedes dejar de hablar con él
  9. Confías más en su intuición que en la de tus amigos
  10. El 95% de las fotos que subes a tus redes sociales son de tu perro

Puede resultar un listado cómico pero, en realidad, describe una concepción del perro muy cercana a la de un hijo y seguramente muchos se identificarán con más de un punto de la lista.

¿Lobos, perros o perrhijos?

El vínculo entre perros y humanos es evidente. El perro es el único animal carnívoro, depredador y con capacidad para aniquilarnos (hablo de perros de gran tamaño, claro) al que dejamos entrar en nuestros hogares y con el que compartimos incluso cama y sofá en algunos casos. 

Sin embargo, no todo el mundo que tiene un perro se relaciona con él de la misma manera. Según los expertos, hay tres enfoques distintos a la hora de estudiar la relación entre perros y personas:

  1. Enfoque lupomórfico (el perro como lobo evolucionado)
  2. Enfoque babymórfico (el perro como bebé en el seno de una familia humana)
  3. Enfoque que considera al perro como compañero y amigo del ser humano.

En el primer grupo entrarían todos aquellos propietarios caninos que ven a su perro como un lobo evolucionado, un lobo domesticado, y que mantienen con él una relación de dominancia-subordinación. Es el enfoque subyacente en programas televisivos tan populares como “El encantador de perros”, que han logrado gran difusión.

Sin embargo, esta visión ha sido muy cuestionada, particularmente el rol de los propietarios como individuos alfa, por los riesgos que comporta. Imponerse a un perro usando la fuerza puede tener como consecuencia mordidas y ataques por parte del perro en defensa propia y puede conllevar, además, un menoscabo del bienestar físico y emocional del animal.

El enfoque “bebymórfico”, en cambio, se relaciona con el concepto de “perrhijo”.

Según el enfoque babymórfico la relación perros-personas es una relación asimétrica en la que los perros se asemejan, tanto cognitiva como comportamentalmente, a un niño. Se supone que los perros forman con nosotros un vínculo parecido al que tienen los niños con sus padres. Los propietarios ejercen de padres, de cuidadores.

Esta tesis está soportada, entre otras cosas, por la evidencia de que algunos propietarios, sobre todo mujeres, hablan a sus perros mediante el mismo tipo de lenguaje que usan para hablarle a un niño, los abrazan, se acurrucan con ellos y buscan mantener contacto físico.

Por último, algunos expertos como el etólogo húngaro Adam Miklosi sugieren una tercera mirada, donde la relación entre perros y personas sería una relación de amistad entre especies animales (la humana y la canina) que implicaría una relación íntima, de apoyo mutuo e igualitaria. El problema de esta perspectiva es que, aunque los perros presentan muchas características que pueden convertirlos en amigos (hacen compañía, son leales, dan afecto, apoyo social, son cooperativos), la relación entre nuestra especie y la suya no es igualitaria ni simétrica y está fuertemente influenciada por los deseos, las necesidades y el estilo de vida de los humanos. No olvidemos que la domesticación es, precisamente, eso.

El riesgo de humanizar a un perro

El riesgo de concebir a un perro como un perrhijo es humanizarlo y perder de vista sus necesidades como perro.

Tratar a un perro como si fuera un niño a veces supone olvidar que es un animal de otra especie, con unas capacidades distintas a las nuestras y una forma de entender el mundo muy diferente. También, y sobre todo, con unas necesidades distintas a las de un niño.

Eva Quiñones, directora de Educanimals y máster en antrozoología, lo explica muy bien:

“Aunque sean animales sociales y muy adaptables a nuestro estilo de vida por haber sido domesticados, nunca debemos olvidar que los perros pertenecen a otra especie. Su visión del mundo es distinta a la nuestra ya desde un nivel sensorial. 

En relación al vínculo social, nosotros tenemos que buscar un equilibrio entre adoptar una separación emocional que implica una objetualización de los perros, y el otro extremo, que sería humanizarlos. Para no llegar a estos dos extremos lo principal es tener primero claro qué es realmente un perro”.

El riesgo de cosificar a un perro

Humanizar a un perro puede ser un problema si eso nos lleva a no atender sus necesidades como deberíamos. Ahora bien, en el otro extremo está aquella gente que trata a los perros como objetos, como cosas desprovistas de emociones.

Los perros son animales sintientes y no pueden ni deben ser tratados como objetos desprovistos de emociones.

Carlos Alfonso López, director de Educan, declaraba hace algún tiempo en un artículo de su blog que el riesgo de cosificar a los perros puede ser mucho mayor que el de humanizarlos:

“Porque es bastante evidente que los perros -mamíferos sociales, emocionales y comunicativos- son bastante más parecidos a las personas que a los microondas. Y que la interpretación correcta de sus motivaciones y de sus acciones están más alejadas del conocimiento de las funciones de cada tecla del microondas y de la manera correcta de programarlo, que de las equivalencias con las motivaciones y acciones de otro mamífero social, emocional y comunicativo como es el humano”.

Efectivamente, de lo que se trata es de buscar un equilibrio entre tratar a un perro como un niño y tratarlo como un objeto. Para eso, lo mejor es informarse sobre las características de la especie canina, sobre sus necesidades y sobre su forma de comunicarse.



Fuente: https://simiperrohablara.com/